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Una comunidad que envía

Eucaristía de envío de Juan Jesús Gea Carrasco. Desde el inicio de la celebración, un bulle bulle recorre la asamblea. Hoy pasa algo. Se nota en los saludos, en los abrazos, en la gente buscando sitio donde ya no queda. La iglesia está de bote en bote. No cabe un alfiler.

Fuera espera el ágape. Dentro, una comunidad entera se dispone a hacer algo mucho más difícil que llenar una iglesia: dar gracias y dejar marchar. Hoy celebramos el envío de Juanje. Y cuando alguien ha compartido tantos años de vida con una comunidad, enviarlo no consiste simplemente en despedirlo. Es reconocer que algo suyo se quedará aquí siempre.

La viña

La Palabra nos habla de una viña cuidada para que dé fruto. Y esta noche resulta imposible escucharla sin mirar alrededor. Porque también una comunidad se cultiva. Con domingos y días normales. Con celebraciones y reuniones. Con conversaciones, desacuerdos, risas, cansancios, abrazos y momentos en los que alguien decidió quedarse cerca cuando habría sido más fácil marcharse. Así se construyen los vínculos verdaderos. Y por eso hoy emociona tanto mirar esta iglesia llena. Aquí están muchos de los rostros que forman parte de la historia de Juanje. Porque él forma ya parte de la historia de todos.

Ser enviados

La palabra de esta noche es misión. Juanje es enviado. Y entonces llegó uno de esos momentos en los que la iglesia entera parece callarse de otra manera: el rito de envío de sus hermanos de comunidad.

Ahí las palabras casi sobraban. Porque no era solo despedir a un hermano. Era ponerlo en camino. Era encomendar su vida, su misión y todo lo que viene ahora. Era decirle, de una forma que iba mucho más allá de las palabras: vete, pero no vas solo.

Había emoción en ellos y también en quienes mirábamos. Años de vida compartida concentrados en unos minutos. La fe, la amistad, lo vivido juntos… y ese gesto difícil de querer a alguien lo suficiente como para abrir las manos y dejarle marchar.

Pero poco a poco comprendemos que el Evangelio nos complica la despedida: todos somos enviados. A nuestras casas, al trabajo, al barrio, a quien sufre, a quien necesita sentirse visto. La misión empieza ahí. En defender la dignidad. En buscar la justicia. En acompañar. En permanecer. En hacer que alguien pueda sentir que no camina solo.

Lo que sostiene

Y llega un momento en que las palabras dejan de hablar de ideas y empiezan a hablar de vida. De años compartidos. De personas. De nombres. De esa fortaleza que nace cuando otros sostienen nuestra historia. Quizá eso sea, en el fondo, una parroquia: un lugar donde alguien termina importándonos de verdad. Por eso duele un poco esta noche. Porque las despedidas solo duelen cuando antes hubo vínculo. Y aquí lo hubo. Mucho. Pero el Espíritu Santo, que además tiene la delicadeza de dar nombre a nuestra parroquia, parece empeñado en que no nos instalemos demasiado. Reúne. Sostiene. Y después… envía.

Gracias, Juanje

Gracias por lo compartido. Por lo grande y por lo pequeño. Por aquello que recordaremos y por tantas cosas aparentemente insignificantes que, con el paso del tiempo, descubriremos que fueron las importantes. Hoy no despedimos solamente a alguien que se marcha. Decimos gracias a alguien cuya vida se ha mezclado con la nuestra. Y eso ya no se deshace.

Cambiarán los lugares y las responsabilidades, pero permanecerán los vínculos. Y mientras Juanje comienza una nueva etapa, también nosotros comenzamos otra. Con Pedro, nuestro nuevo párroco, seguiremos escribiendo esta historia.

Seguramente con otros acentos, otros modos y nuevos caminos. Pero con la misma tarea: seguir construyendo una comunidad donde haya sitio, donde la fe toque la vida y donde nadie tenga que caminar solo.

Y después, la mesa

Termina la celebración. Y fuera espera el ágape. Quizá no exista una imagen mejor para cerrar esta noche. Después de las palabras, la mesa. Después de la emoción, el encuentro. Después del envío, seguimos juntos. Porque algunas personas pasan por nuestra vida. Y otras, después de caminar mucho tiempo a nuestro lado, se quedan a vivir un poco dentro de ella. Buen camino, Juanje. Llévate mucho de nosotros.

Aquí se queda mucho de ti.

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