En el corazón de Granada, la Iglesia del Espíritu Santo “El Templo de la Luz” emerge como una oda a la luz y el espacio, un recinto sagrado donde la espiritualidad se fusiona con una arquitectura que respira y vive al compás de la luz natural.

Además, la arquitecta Elisa Valero, en conjunto con el estudio Arkilum, ha orquestado un concierto visual que celebra lo esencial de la construcción con una mirada puesta en el aprovechamiento luminoso.

Un Diseño Que Respira Luz:

El diseño interior nos lleva en un suave descenso hacia el altar, en un espacio donde cada línea y cada pliegue parecen danzar al ritmo de la luz que se filtra desde lo alto.

Por lo tanto, el juego de luz que inunda el espacio sagrado narra visualmente la historia de los siete dones del Espíritu Santo, cada lucernario más que un simple elemento arquitectónico, es un actor en esta narrativa celestial.

Una Conversación con El templo de la Luz:

La secuencia de lucernarios de la iglesia no solo orienta la luz hacia el altar sino que también la distribuye de tal manera que baña a los feligreses en un halo divino.

Asimismo, la luz, que varía sutilmente a lo largo del día, se convierte en el lienzo donde se pinta la experiencia del culto.

La Poesía Visual de una Vidriera:

De hecho, el desafío de colorear la luz sin teñir permanentemente el espacio encontró su solución en el vidrio dicroico y las vidrieras ETER. Estos elementos no solo evitan la saturación cromática sino que también celebran la asimetría del templo con un delicado arcoíris que juega en las paredes durante las mañanas.

Caleidoscopio Matinal:

En resumen, La asimetría de la edificación, lejos de ser un desafío, se ha convertido en una virtud que, con la ayuda del vidrio dicroico, dispersa la luz matutina en un espectáculo de colores que dialogan con el espacio, creando un ambiente siempre renovado y vibrante.

Los Dones del Espíritu en El Templo de la Luz:

La Iglesia del Espíritu Santo en Granada no es solo un edificio; es una narrativa arquitectónica que cobra vida a través de la luz.

En su diseño, cada lucernario es un capítulo luminoso que simboliza uno de los siete dones del Espíritu Santo, esenciales en la doctrina cristiana.

Son estos dones los que guían al fiel en su camino espiritual, y aquí, cada rayo de luz natural que se cuela por los lucernarios se convierte en un recordatorio físico y visual de estas bendiciones celestiales.

Los dones del Templo de la Luz:

  1. El primer lucernario – La Sabiduría:  Derrama luz que invita a la reflexión, a la comprensión profunda de lo divino, iluminando nuestro entendimiento más allá de lo terrenal.
  2. El segundo – El Entendimiento:  baña la nave con claridad, para penetrar la verdad, inspirando a los feligreses a buscar significados más profundos en las enseñanzas sagradas.
  3. A través del tercero – El Consejo: , la luz se convierte en guía, en un sendero luminoso que ayuda a discernir el camino correcto en la toma de decisiones.
  4. El cuarto lucernario – La Fortaleza:  irradia una luz que fortalece, que confiere la valentía para enfrentar los retos de la vida manteniendo la fe.
  5. La iluminación del quinto – La Ciencia: aporta conocimiento, es esa luz que permite comprender el orden y la belleza de la creación, revelando el entendimiento de lo sagrado en todo lo existente.
  6. El sexto – La Piedad:  derrama una luz suave que fomenta la devoción y el respeto reverente, recordándonos la misericordia y el amor de Dios.
  7. Finalmente, el séptimo y último, – El Temor de Dios:  situado sobre el altar, proyecta una luz que inspira un respeto sagrado, un temor amoroso que es la base de la sabiduría y el principio de la santidad.

 

La Iglesia del Espíritu Santo, con su innovadora vidriera ETER y su cuidada distribución de la luz, se convierte en un espacio donde la arquitectura es una extensión de la fe.

Cada lucernario, con su luz diferenciada, no solo rompe la monotonía arquitectónica sino que también evoca reflexión y contemplación, permitiendo a los feligreses experimentar una conexión más íntima con los dones que fortalecen su espiritualidad en la cotidianidad de la práctica religiosa.

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